Esta reseña publicada en la revista Cartaphilus
transmite las mismas sensaciones que te produce la novela cuando acabas de
leerla: no tuvo que pasar desapercibida en una sociedad de mediados del siglo
XIX.
Me resultó interesante la mención a una opinión de una de las escritoras más relevantes de la época sobre la novela de Charlotte Brönte. Se trata de Virginia Woolf, la cual echó en falta
complejidad intelectual en el libro. En mi opinión, la novela va más allá de
un lenguaje recargado y de un argumento romántico, sino de todo un conjunto de
símbolos, incluso escondidos en el significado de los nombres de los
personajes. Basándome en la opinión que en su momento manifestó Woolf, creo que
es evidente la intención que Brontë quería, y era realizar una crítica a la
sociedad de la época y a las normas que la regían, podemos decir los “convencionalismos”,
como el título de nuestro blog indica, vigentes en la era victoriana. Además, es evidente el feminismo que la autora y el
personaje defienden a ultranza, haciendo lo que Jane Eyre consideraba que tenía
que realizar en cada momento.
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