lunes, 4 de mayo de 2015

La identidad de la protagonista: Jane Eyre

Como su título indica, Jane Eyre es la protagonista de la novela. Es una niña huérfana que es adoptada por su tío, hermano de su madre. Cuando su tío, el señor Reed, muere, vive bajo la tutela de su mujer quien prometió educarla como si fuese su propia hija. Sin embargo, la vida de Jane Eyre cambia radicalmente ya que no es tratada como sus primos. Su tía constantemente la trata de forma cruel, al igual que sus primos, en especial Juan. Continuamente le están reprochando que es una niña malcriada, pobre y huérfana.
Jane vive en soledad. Su infancia no es la de una niña normal; desea ser educada en todo momento y así hace saber a su tía quien finalmente la mandará a un internado para deshacerse de ella. A lo largo de su estancia en la mansión de Mrs. Reed, se revelará, asumiendo numerosos castigos. Inclusive las criadas le reprochan que tiene que dar las gracias por vivir allí.
Una vez en el internado, Jane Eyre será tratada con la misma severidad que en casa de su tía. Esto se debe a las palabras que Mrs. Reed pronunció al benefactor del internado. Dicho comportamiento irá cambiando cuando se den cuenta que Jane no es mala niña. Poco a poco irá obteniendo los conocimientos necesarios hasta conseguir ser profesora del mismo internado. A los dieciocho años considerará que es hora de conseguir un nuevo trabajo, es decir, decide que es el momento de conocer nuevos lugares.
Trabajará como institutriz de Adéle en una mansión. Será bien recibida. Incluso será una persona con voz propia, es decir, sus pensamientos serán oídos casi por primera vez. Jane se convertirá en una persona madura, y su personalidad irá mejorando. Ya no será la niña que se revela constantemente, sino una mujer que presta su ayuda a los demás. Aunque parezca que se conforma con todo, seguirá teniendo esa rebeldía sobre todo en la diferencia de clases y en el papel de mujer en un ámbito masculino. Recuerda constantemente que ella no es inferior a nadie.
El no haber sentido el amor, luchará contra sus sentimientos y se autoconvencerá de no estar enamorada del señor Rochester. Luchará constantemente entre su deseo y lo qué es correcto hacer.  Finalmente, dejará fluir sus sentimientos y declarará su amor.
Por último, cabe destacar que Jane es tanto protagonista como narradora, ya que en ocasiones se dirige al lector: "No creas, lector, que mi aspecto tranquilo refleja la serenidad de mi ánimo".

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